El suicidio de alteración de la fe en la liturgia


Sobre este Libro

En 1969, el Papa Pablo VI introdujo un nuevo rito de la Misa para la Iglesia de Rito Latino el que fue aparentemente obligatorio para todos los católicos – sacerdotes, obispos, religiosos y laicos. Se creyó ampliamente entonces – y hasta ahora en gran medida – que se había prohibido a un sacerdote celebrar el antiguo Rito de la Misa Latina – llamado comúnmente Misa Tridentina – a menos de contar con permiso especial para hacerlo, con un documento llamado ‘indulto’.

Esa introducción de un nuevo rito ha causado general confusión, desaliento, división, desilusión y destrucción – hasta el suicidio de grandes porciones de la Iglesia Católica. Cientos de iglesias a lo largo de Norteamérica han sido cerradas – aun vendidas – y más de la mitad de los católicos en Norteamérica han dejado de ir a Misa del todo desde que fue impuesto, de facto, el nuevo rito de la Misa.

La falsa impresión fue creada a lo largo del mundo por muy altos dignatarios vaticanos (a veces aun incluyendo al Papa Pablo VI y al Papa Juan Pablo II) que por virtud de santa obediencia todos los sacerdotes después de 1969 debieron ofrecer el Santo Sacrificio de la Misa de acuerdo al Novus Ordo Missae – el nuevo rito de la Misa.

Mas recientemente se reconoció a través de las más altas autoridades de la Iglesia que: 1) celebrar la Misa antigua nunca fue prohibido a ningún sacerdote católico en buena situación; y además, 2) nadie – ni siquiera un superior religioso, obispo o Cardenal – podría prohibir a un sacerdote celebrar la Misa antigua.

Ese reconocimiento de la ley que la Misa antigua podía celebrarse fue afirmado en 1986 por la Comisión de nueve Cardenales  (a saber, Ratzinger, Mayer, Oddi, Sticker, Casaroli, Gantin, Innocenti, Palazzini y Tomko) designada por el Papa Juan Pablo II  para tratar la cuestión referida al rito antiguo. Las conclusiones de esa comisión fueron dadas a conocer a un pequeño círculo, pero no ampliamente difundidas en el momento, como debió haber sido.

La existencia de la comisión, al igual que sus conclusiones, fue reconocida y explicada por el Cardenal Alphons Stickler el 20 de mayo de 1995 en una sesión pública (y una cinta grabada) de preguntas y respuestas en Fort Lee, New Jersey, USA.

En realidad, el Cardenal Stickler hizo constar que los nueve Cardenales de la Curia en esa comisión (los nueve tenían doctorado en Derecho Canónico) concordaron y declararon que NINGUN obispo, Cardenal o superior religioso tuvo autoridad legal para jamás prohibir a un sacerdote católico del rito Romano (en buena situación en el rito Romano) celebrar la Misa Tridentina en público o en privado.

Más recientemente, el Cardenal Dario Castrillón Hoyos (Prefecto de la Congregación para el Clero) afirmó en 2006 que la Misa antigua no ha sido prohibida; y el nuevo Arzobispo Secretario de la Congregación para el Culto Divino, Mons. Malcolm Ranjith, tan recientemente como en 2006, reconoció públicamente que la Misa Tridentina nunca ha sido prohibida.

En este libro, publicado primero en 1996 y aumentado en 1999, el Padre Paul Kramer demuestra que la Misa Tridentina no sólo no fue prohibida, sino en realidad que es la única Misa que es el rito “recibido y aprobado” del Rito Latino – no sólo aprobada por la autoridad de la Iglesia (es decir, Papas y Concilios Ecuménicos), sino que fue también recibida. Eso significa que ha sido transmitida (traditio) de las anteriores generaciones de la Iglesia, remontándose no sólo hasta el Concilio de Trento, sino yendo hasta el Papa Gregorio Magno (590-604 a.D.), y hasta los Apóstoles. Es parte de la Tradición católica, tradición con “T” mayúscula. Tradición católica que también es parte del Depósito de la Fe.

Así, cuando el Papa San Pío V, en su bula Quo Primum, ordena que debe celebrarse esa Misa y que ninguna otra – ni siquiera un Papa, mucho menos un Cardenal, obispo o superior religioso – pueden imponer u ordenar que se celebre otro rito de la Misa a ningún sacerdote del Rito Latino, él no estaba estableciendo una ley canónica - esto es, una ley de la Iglesia – que pudiera ser cambiada por un subsiguiente legislador - eso es, otro Papa. No, este decreto de Quo Primum está haciendo una declaración dogmática de Fe Católica –  una definición infalible que no puede ser cambiada por ningún Papa subsiguiente ni por ningún Papa subsiguiente junto con un Concilio. Es por eso que el Canon XIII de la Sesión VII del Concilio de Trento define solemnemente, “Si alguno dijere que los ritos recibidos y aprobados de la Iglesia Católica que suelen usarse en la solemne administración de los sacramentos, pueden ser cambiados por otros nuevos ritos por obra de cualquier pastor de las iglesias, quienquiera sea, sea anatema.”

Lo que el Papa San Pío V estaba diciendo era que ese rito (ahora conocido como Misa Tridentina) – eso es, el libro anexo a la bula Quo Primum – es el rito recibido y aprobado. Ese rito no puede ser cambiado en otro y diferente, como el Concilio de Trento ya había definido dogmáticamente. Y es también por eso que Quo Primum es obligatoria a toda la Iglesia para todos los tiempos.

Lo que todo esto significa, en pocas palabras, es que el verdadero, fiel, obediente sacerdote Católico Romano tiene que ofrecer la Misa Tridentina y esa sola – a menos que sea bi-ritual y pueda lícitamente (legalmente) ofrecer también la Liturgia Bizantina. Lo que también dice es que los verdaderos fieles católicos del Rito Latino tienen que asistir a la Misa Tridentina y asistir sólo a ella – a menos que estén asistiendo en calidad de visitantes a una Misa en el Rito Bizantino.  Y, además, esto también significa que aquellos católicos que enorgullecidos por su obediencia a la autoridad legítima por asistir a la Nueva Misa, en realidad, han sido engañados. Con el conocimiento que este libro provee, todos los católicos del Novus Ordo tienen que reformarse asistiendo solamente a la Misa Tridentina desde ahora en adelante.

Este libro explica estos puntos en detalle y prueba la verdad de lo arriba afirmado. El Padre Kramer apela diestramente a la razón, a la Sagrada Escritura, a la Santa Tradición, tanto como a las definiciones solemnes de la Iglesia Católica Romana a través de los siglos las que le dan la razón. Cualquier católico que tiene un conocimiento elemental de Sagrada Teología, después de leer atentamente (y sin prejuicios) este libro, tiene que estar de acuerdo que el Padre Kramer ha demostrado su razón. Es de esperar que todos estén de acuerdo con él sobre esta cuestión que ha dividido tanto a los católicos durante más de 35 años.

Este libro está destinado a todos los católicos de buena voluntad que amen la verdad y acepten las consecuencias de descubrir la verdad no importa cuán dolorosa pueda resultar inicialmente para ellos. Una vez que hayan vencido la conmoción inicial, se alegrarán al encontrar que ellos han vuelto al hogar de la única Liturgia del verdadero rito Latino de la Iglesia Católica de todos los tiempos.

Cuando las verdades arriba explicadas sobre los cambios en la Misa – que parecen haber sido profetizadas y advertidas en la Tercera parte del Secreto de Fátima – se vuelvan más conocidas, más católicos – laicos, sacerdotes, obispos y religiosos –volverán a la tradición litúrgica a la que están obligados a adherir por su profesión de Fe. Por esa vuelta vendrán muchas gracias de conversión, progreso en la vida espiritual y, sobre todo, muchas más almas serán salvadas.

Todo el mundo recibirá beneficios espirituales al igual que temporales de lo que se espera sea muy pronto el retorno general a la Misa Tridentina Latina de todos los tiempos.

“Si quis dixerit, receptos et approbatos Ecclesiae catholicae ritus in sollemni sacramentorum administratione adhiberi consuetos aut contemni, aut sine peccato a ministries pro libito ommitti, aut in novos alios per quemcumque ecclesiarum pastorem mutari posse: anathema sit.” (D.S. 1613)